“The inability to close the endless discourse among men”

Somebody holds an imperceptible thread, an imaginary line that, due to its tension, makes those individuals, turned into universal beings, stop. The personal story that we have to carry, or drag sometimes, throughout years of experiences we had, the ones narrated in the private room, a rectangle that will later on turn into an non-transferable work on paper, and the human behavior enigma spreading its cruel strength. That story is present in chiaroscuro, already been turned into art. When talking about art, that which defines it is being pronounced, then the moment for the rational analysis about its construction arises; however, before that, it is the impact that approaches us, that feeling capable of producing something unrepeatable, a unique image, a unique receptacle of lights and enigmas. The story is not the anecdote, but something some people believed that had to be ruled out: the message which is completed through the perfection in the treatment an artist is capable of fulfilling. It is through that message conveyed that the cycle of his own experience is completed, converted into innumerable figures and atmospheres, rooms or games, beings from any region. Survivors, as everybody else.

Amidst so much speed and intermittency produced by apparent contemporaneousness –that one misappropriated by those who do not understand it and play with it without the means or the ability in a game of vanities- Simón stops and hugs it without almost realizing. This is a classic contemporary work of art, if the pun may be admitted. His photographs represent journeys that hurt; Bergman would recognize these works as the closer images to the everyday events. Fanny and Alexander, the wonderful movie by the Swedish filmmaker, is related to the symbolism suggested by Simón. Metaphysical areas, drafts of something unavoidable, childlike games defining the human condition –in his works- and the reminiscences locked in the mind swirling around and tearing the memory; even though that memory is sometimes borrowed. Plenty of sensitivity and a generous point of view are needed to regain the turns in history. Courage is needed to draw those lines in the most humiliated skin and to let happen that which recovers the possibility of what is to come.

That imperceptible thread previously mentioned, the thread any unforgettable writer recorded in a story, the thread that passes through the doors of what lies nearby and distant, is not the only one. There are thousands of them, invisible connections by Altkom that snatch the roots and legacies from the main characters. The time comes to a halt in these works that are nothing but that: images, immobility, permanence.

The man brutally inhabits that he has drawn as if it did not belong to him, as if it was not true. It is here where certainty lies.

Andres Waissman, April 2010

“La imposibilidad de clausurar el interminable discurso entre los hombres”

Alguien sostiene un hilo imperceptible, una línea imaginaria que detiene en su tensión a esos individuos convertidos en seres universales. Esa historia personal que se lleva, a veces se arrastra, a través de años de vivencias y de esas otras experiencias, las relatadas en la habitación íntima, un rectángulo que luego se convierte en un soporte de papel intransferible, y el enigma de la conducta humana que despliega su fuerza cruel. Esa historia que es presente en claro-oscuro, convertida ya en arte. Y cuando se habla de arte, se pronuncia aquello que lo define, luego llega el momento del análisis racional
sobre su construcción, pero antes es el impacto el que nos habla, esa sensación que produce lo irrepetible, única imagen, único receptáculo de luces y enigmas. La historia no es la anécdota, es aquello que creyeron algunos que había que descartar: el mensaje, y ese mensaje se completa en la impecabilidad del tratamiento que un artista es capaz de concretar. En ese decir completa el ciclo de su propia experiencia convertida en la infinitud de figuras y ambientes, de habitaciones o juegos, seres de cualquier región. Sobrevivientes, como todos.

En medio de tanta velocidad e intermitencia que produce la aparente contemporaneidad, (aquella que usurpan quienes no la entienden y juegan con ella sin medios ni capacidad en un juego de vanidades), Simón se detiene y la abraza casi sin saberlo. Su obra es clásicamente contemporánea, si se me permite el juego de palabras. Sus fotografías son viajes que duelen, Bergman aprobaría estas obras como las imágenes más cercanas a lo que en la vida ocurre. Fanny und Alexander, la maravillosa película del cineasta sueco, se relaciona con este simbolismo que propone Simón. Áreas metafísicas, apuntes de lo inevitable, juegos infantiles que definen en sus trabajos la condición humana y el encierro de recuerdos que cruzan y desgarran la memoria, aunque a veces esa memoria sea prestada. Hace falta mucha sensibilidad y una visión generosa para recobrar los giros de la historia. Hace falta valentía para retratar esos trazos dibujados en la piel más humillada y permitir que acontezca en sus obras aquello que rescata la posibilidad de lo que viene.

Ese hilo imperceptible del que hablaba, ese hilo que algún escritor inolvidable registró en un cuento, este hilo que atraviesa las puertas de lo cercano y lo distante, no es el único, son miles, conexiones que Altkorn hace invisibles y arrebatan de los protagonistas sus raíces, sus herencias. Todos los tiempos se detienen en estos trabajos que son eso; imágenes, inmovilidad, permanencia.

El hombre habita descarnadamente aquello que ha dibujado como si no fuera suyo ni cierto. Está aquí la certeza.

Andres Waissman, Abril 2010

Un laberinto imaginario.

Una mujer ya mayor, está sentada en un sillón, tiene una carta en la mano y sostiene la mirada fija, a la misma altura de su rostro, en algún lugar de la habitación. Su vestido color salmón, el maquillaje, los aros y el collar que luce, no son de entre casa. Está por salir o acaba de volver de una reunión, de algún evento social. El clima de la escena es francamente teatral. Mirando La carta, la obra de Simón Altkorn que describí brevemente, siento que no estoy frente a una toma casual, encontrada por el autor. Es, sin dudas, una imagen construida. Pero no se trata de una puesta en escena en la que todos los elementos, cuidados al detalle, tratan de ocultar el armado. No es una recreación naturalista, y sin embargo desde esa ficción, curiosamente, la imagen resulta verosímil. Percibo la actuación pero siento el silencio y la quietud del cuarto. El vacío en la mirada de ella y el tiempo que parece detenerse en su pensamiento. Surgen también interrogantes, sobre el porque de un solo guante, o sobre un abanico muy visible y desplegado de manera llamativa.
Esta diferencia que uno establece entre lo verosímil y lo verdadero, se mantiene en la mayor parte del trabajo de Altkorn. Un trabajo que surge, por otro lado, de maneras muy diversas. Las imágenes pueden ser consecuencia de un largo trabajo de investigación histórica, como en El cumpleaños de Hans Globke, after Wall, nacer de la revisión libre de alguna pintura o presentar una escena del mundo onírico como en Cielo con nubes.
Lo que se sostiene, de manera permanente, es la intención de habilitar diferentes niveles de lectura en cada obra. Una posibilidad de descubrir, como en el recorrido de un laberinto, una nueva percepción a la vuelta de cada recoveco.

Juan Travnik , abril 2009

«La única manera de tratar al hombre –y de tratarse a uno mismo– como merece ser tratado es cayendo en la cuenta de que la pluralidad humana es la paradójica pluralidad de los seres únicos»
Hannah Arendt

En los últimos años este artista ha sido destacado en importantes premios y salones, entre ellos Primer Premio Adquisición de Fotografía en el XCVI Salón Nacional de Artes Visuales, Bienal Nacional de Arte de Bahía Blanca, Premio Centenario Roggio de Artes Visuales, XII Premio Federico Klemm a las Artes Visuales, Salón de Arte Premio Platt, Concurso Deloitte de Fotografía Contemporánea, y Premio AAMC de Fotografía Contemporánea del Museo Caraffa.

Sus obras nos proponen un espacio donde la acción de los hombres aparece al mundo, hay una dimensión escénica, teatral de lo político implicada en esta autoexhibición de los personajes para reafirmarse y donde importa eso de ver y ser visto, oir y ser oído desde múltiples perspectivas. Al hacernos ver desde varias perspectivas Simon Altkorn comparte el mérito de Homero, poder mirar la guerra desde los ojos de los vencedores y de los vencidos.

Nos muestra historias de personas cuyo único punto en común no es sino el fugaz brillo de sus vidas sobre el telón de fondo de una época convulsa. Su retórica es convertir por derivación la experiencia individual en una experiencia heroica. Estos actores, mujeres, niños, parejas, repiten con otras armas las grandes gestas; el estruendo de las armas se transforma en las voces del diálogo implícito, donde lo que vale es la peithos, la fuerza de convicción. El tránsito es posible porque se ha asignado ya a la violencia una medida. Altkorn la presenta desde el principio contenida en los límites de relaciones simétricas perfectas. El exceso, el desborde pertenece a la materia bruta que la gesta heroica debe modelar. Y en este intento de refundar lo viejo, la violencia se calma. Sólo puede haber hombre, dice, donde hay mundo y sólo hay mundo donde hay pluralidad.

De ahí que, enarbolando la fragilidad de lo humano, su reflexión apunta a que el verdadero enemigo de nuestro tiempo no es tanto el embate de la irracionalidad, como la amenaza cotidiana y banal de la indiferencia. El artista apela a la imprescindible experiencia existencial que acaece «entre» los hombres. No hay nada que defina mejor al hombre que su capacidad de realizar lo improbable, lo incalculable. Y así es que, abrazando la inexistencia de una verdad única, Simon Altkorn, por evocar a Hannah Arendt en sus palabras de homenaje a Lessing, da la bienvenida a la imposibilidad de clausurar el interminable discurso entre los hombres.

Gachi Prieto, Abril 2010

“Trame misteriose e finali insospettabili nelle storie fotografiche di Simòn Altkorn”

Nel 2010 Simòn Altkorn, fotografo uruguayano che vive e lavora a Buenos Aires, ha presentato una serie fotografica dal titolo “L’impossibilità di chiudere l’interminabile discorso tra gli uomini”.
I personaggi fotografati da Simon Altkorn appaiono particolarmente immobili, lacerati da un insieme di luci e ombre. Sono come persi in un proprio flusso di pensieri, ma allo stesso tempo il viaggio della vita è come se per loro apparisse congelato. Un bambino sui dieci anni è vestito solo con un paio di pantaloncini rossi, seduto con le gambe sopra la sedia, le braccia conserte che abbracciano le ginocchia, il viso infossato tra le braccia: solo gli occhi emergono per fissare il monitor di un PC. Il titolo eloquente è: “il sistema è andato in crash”.
Altkorn crea un set dove i soggetti ritratti sembrano diventare personaggi storici, all’improvviso protagonisti principali e importanti di una storia in mezzo alla quale l’osservatore è capitato. L’impressione è quella di una finzione scenica palese e allo stesso tempo di estrema verosimiglianza, perché se la trama è costruita, l’emozione, ad essa collegata e che finisce nel gioco dei chiaroscuri, è lacerante. Vediamo i protagonisti e ci interroghiamo inevitabilmente su a cosa possano mai pensare e così facendo, partecipando alla scena, attiviamo una miriade di storie dentro noi dalle trame misteriose ed i finali insospettabili. Dice l’autore: “la fotografia, come una pulsione tremenda, mi spinge a sognare tutti i giorni e mi permette , attraverso la narrazione di questa ed altre storie, di vincolarmi più strettamente con affetti e realtà perché in definitiva, come dice Terenzio, «Nulla che sia umano mi è estraneo»”.

Roberto Basile - Rivista di Psicoanalisi , Abril 2012